Menú para el espíritu

A pesar, de la barra del recibidor, no se vende tragos, ni piqueos, sino pines, revistas. Ahí se cobra la colaboración de ley (pueden decirle entrada, si quieren). El corredor a continuación, plagado de carteles, todos de cine, desembocan en una sala pequeña con butacas anacrónicas. Es El Cinematógrafo: un lugar casi mítico, siempre había escuchado de él, o lo había visto en el listín del periódico, pero nunca lo habia visitado. Es un ambiente pequeño, con aire de añoranza por el viejo cine, como sus butacas; o mejor dicho, por el viejo rito del cine: ese de ver y sentir. Acogedor, apacible, amable.
La oferta varía con el día: documentales, cine asiático, clásicos, películas peruanas, como para que el ojo no se engolosine, o se quede famélico, una dieta variada para que uno saboree de todos los manjares del orbe. Una propuesta interesante que enriquece una cartelera que nos acostumbra a popcorn y gaseosita light. De hecho, esa es una de las funciones importantes de un cineclub.

Pd. Gracias a Rafo y Angie por compartir la aventura.
1 Comments:
Y mañana sábado en la noche es la "reunión" cinéfila en El Cinematógrafo. (anda a su blog) Dicen que con galletitas y chocolate a la salida de la proyección de cortos de Godard en la vía pública... lo cierto es que los cigarros y las cervezas suplieron muy bien a las galletitas y al chocolate la última vez.
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